Taller de poesía en contextos sanitarios

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La poesía acompaña, también en el vértigo y la conmoción de las circuns­tancias difíciles y la enfermedad. La poesía puede y sabe cuidar.

Así lo hemos comprobado realizando talleres en hospitales como los sevillanos el Hospital Virgen de Valme, el Virgen del Rocío, el Virgen Macarena…, con pacientes oncológicos, en el ámbito de la salud mental, con profesionales sanitarios… Todos estos talleres concluyeron con la publicación de un libro con los mejores textos creados de forma individual o colectiva en su transcurso. 

La poesía aporta con­fianza y autoestima, autonomía y motivación, nos permite trabajar con la fantasía y con la realidad, promover la autoconciencia y la reflexión, esti­mular el ordenamiento creativo de las experiencias. Nos invita a mirar el mundo de otra manera y a contarlo de otra manera.

La poesía acompaña, divierte, conmueve, consuela, cuestiona,  activa la atención, la imaginación y la memoria esencial, relaja de los problemas, nos da pistas para afrontar las coyunturas e intentar vivir mejor. Con la poesía cultivamos los asombros y compartimos recuerdos y sue­ños, heridas y celebraciones, preocupaciones, confianzas, perplejidades. La poesía propicia un uso del lenguaje más consciente, más eficaz, más rico, más benéfico y fértil, más complejo.

La palabra es fundamental, fundacional. Escribió Heidegger que el lenguaje es la morada del ser, que en esa casa habitamos. Las palabras dicen, pero también hacen. Las palabras nos ayudan a entender la impostura de la realidad, su carácter de construcción lingüística, cultural. Las palabras pueden ayudarnos a conocer, a comprender, a expresar, a vivir.  Como escribió Federico García Lorca: “Las palabras son las alas”.

Con la creatividad artística podemos encontrar calma, consuelo, equilibrio… A veces, también, el arte nos permite darnos cuenta del conflicto, de los conflictos personales y sociales que nos afectan, y nos da claves para afrontarlos. Dicho de otra manera: el arte nos ayuda a salir de la corriente en la que nos asola la angustia y el insomnio, como un sueño reparador, pero también puede colaborar en que despertemos si estamos narcotizados por el ensueño, por las sombras de la caverna y los simulacros…

Aprender a sentir el aquí y el ahora y a indagar en las palabras que lo cuenten y, del mismo modo, aprender a hacer memoria de otra manera para contar nuestra historia personal y colectiva. Conectar con la imaginación, con el inconsciente y la capacidad de soñar, es ampliar el campo de lo posible.

Por otro lado, todas las artes precisan de un esfuerzo de amor (para leerlas, para asimilarlas, para realizarlas), y eso es siempre estimulante y fértil.

Con la poesía podemos resistir al ruido, a la fealdad, al utilitarismo y las lógicas del beneficio, a la mentira, a los poderes y sus lenguajes… y compartirlo con los demás. Las artes, también las de las palabras, generan comunidad, y la comunidad es salud.  Con la poesía podemos aprender a construir otros mundos.

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